
- El otro día fui al campo y vi por lo menos 100 palomas.
- ¿Mensajeras? - responde el amigo.
- No, no te exagero ni una.
(chiste popular)
Pues bien, más de 100 y 1000 palomas veo yo en la ciudad cada semana. Y no creo que sean mensajeras y no creo que exagere si digo que se están aburguesando, y algunas hamburgesando.
¿Que les pasa a estas palomas? Las ves andar y parecen que tuvieran un cargo municipal o algo. Sacando pecho, con su paso oscilante, casi presuntuoso, a veces me las imagino con chaleco, monóculo y reloj de bolsillo. Pero, y esto es lo más curioso, no me las imagino volando. Y es que, volar no parece una opción ya en sus vidas.
En ocasiones, cuando uno va apurado, por aceras estrechas, andas detrás de ellas, corriendo, casi las pisas, pero ellas, no vuelan, como mucho, se apartan. Dignamente, eso si.
Considero que, de tanto ser urbanas, ya se han olvidado de que son palomas y esto parece una señal divina, o al menos, una metáfora de lo que nos está pasando a los humanos.
Si os fijáis, estas palomas ya casi no necesitan volar, no tienen que emigrar, no tienen depredadores, la comida abunda... Tienen todo lo que pueden desear, sin necesidad del esfuerzo de un aleteo. Además, poco a poco, esta vida cómoda les ha redondeado el cuerpo y es cada vez más difícil levantarlo.
Al ser urbano, perdón, en este caso quería decir al ser humano, le pasa lo mismo. Hemos creado un entorno tan cómodo, tan ergonómico (¿Cuanto hace que no levantas los brazos por encima de los hombros?), que nos estamos olvidando de lo que somos capaces de hacer, del potencial que tenemos y lo peor es que, con el tiempo podremos perderlo definitivamente. "La función crea el órgano" y viceversa, decía la primera ley de Lamarck.
Según las teorías de Maslow, una vez satisfechas las necesidades básicas, deberíamos estar orientados hacia motivaciones más elevadas. Vemos que esto no es así y, en muchos casos, la pirámide no es más que un trapecio donde la autorrealización y la autosuperación han sido erosionadas por la suave brisa de la comodidad.
La vida artificial, estabulada, guiada y orientada que nos ofrece la civilizada ciudad, poco a poco nos va haciendo más débiles, menos capaces.
El ser humano necesita satisfacer ciertas necesidades, pero también, necesita carencias, retos, que le hagan descubrirse y desarrollarse.
Os invito a salir con frecuencia de vuestro establo* de confort y os arriesguéis a daros cuenta de que podéis volar.
*No es errata, he querido decir "establo"